La armadura de Dios : El escudo de la fe
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“Estad, pues, firmes... Sobre todo, tomad el escudo de la fe, conque podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”

Efesios 6:14,16.

 

Introducción:

El diablo ataca al creyente con dardos de dudas. El creyente se defiende moviendo su escudo de la fe. La fe se fundamenta en la Palabra, en lo que Dios es y en lo que Dios dice. Ésta no depende de revelaciones extra bíblicas, ni de sensacionalismo religioso, depende e la revelación divina. Dios nos da fe y produce la fe en nosotros.

I.    La ilustración del escudo:

1.    Él término griego empleado por Pablo para referirse al “escudo” es thureon, y bien podría referirse a la forma de puerta que tenían éstos.

2.    El escudo romano eta de forma rectangular y oblicua. Medía unos cuatro pies de largo por dos pies y medio de ancho.

3.    Su base era de hierro o de madera, cubierto de capas de cuero. Antes de la batalla el cuero se mojaba para hacerlo impermeable contra las flechas incendiarias, haciéndolas resbalar sobre la cubierta.

4.    Los soldados romanos se ponían en formación cuadrada, y con la ayuda de sus escudos, unos treinta y tres, hacían una coraza que los protegía a los cuatros lados y les daba una sombrilla a sus cabezas. A esta formación militar se le llamaba testudo e hizo famosas a las legiones romanas que avanzaban con ese acaparazado de tortuga y que daba mucha protección.

 

II.    La aplicación del escudo:

 

1.    Pablo emplea el escudo como una aplicación espiritual de la fe. La palabra griega para fe es pisteos. E implica una “firme persuasión, una convicción basada en lo oído”.

2.    Un soldado romano puesto de rodillas era totalmente cubierto por su escudo. La fe cubre al creyente, y más aún si éste está de rodillas en continua oración.

3.    El soldado romano mojaba varias veces en agua el cuero que cubría su escudo, haciéndolo resistente a las saetas incendiadas.

 

El escudo de la fe debe mojarse siempre en el agua de la Palabra, y en el río del Espíritu Santo. Toda flecha enviada por el diablo e incendiada por las dudas, el desánimo y la falta de confianza se pagará y resbalará.

 

Conclusión:

El creyente no puede levantar el  escudo de los sentidos, ni el escudo del intelecto, sino el escudo de la fe.

 

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