Verdades que abren ojos ciegos y oídos sordos
El ciego que era llevado a todos los conciertos nunca sospechó que delante de la orquesta hubiera alguien que todo lo dirigía, como también el sordo pensó que aquel que hacía tantos movimientos y agitaba una batuta, hacía todos los sonidos.
Ambos quedaron atónitos cuando, respectivamente, fueron abiertos sus ojos y sus oídos.
El primero vio que alguien muy diestro, haciendo señales lo coordinaba todo; mientras que el segundo pudo oír que todo no venía del frente, si no que cada miembro de la orquesta era un verdadero maestro sacándole un fino sonido a su instrumento. Para que ellos llegaran a esta conclusión, a pesar de asistir a todos los conciertos, fue necesario que se abrieran sus ojos y oídos.
Hoy, en el estudio de estos versículos, estudiaremos como varias verdades acerca de la muerte y resurrección de Cristo abrirán ojos y oídos a los que por tanto tiempo los hemos tenido cerrados.
Romanos 3:21-31 - Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también d los gentiles. Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.
La justicia de Dios es la actividad redentora de Dios referente al pecado humano mediante la cual pone al creyente en una relación correcta con él y lo libera del poder de la maldad. No puede el humano, por sí solo, reconciliarse con Dios y liberarse de la maldad, porque por nuestra herencia de pecado no contamos con valores materiales ni espirituales para cubrir las exigencias de Dios sin que se afecte su santidad. Y Dios creó un plan, sin romper con su santidad, para redimirnos, para salvarnos; producto de su amor, paciencia y misericordia por nosotros. ¿Conoces, acaso, el nombre del plan? Sí, Jesucristo, que dio la vida, no por él, sino por nosotros.
Qué significado entonces tiene que Jesucristo haya derramado su preciosa y no contaminada sangre en la cruz? Veamos algunos.
1. Fue un sacrificio, una ofrenda de su sangre y de su vida. Los sacrificios, que se sellaban con sangre en el Antiguo Testamento, no hallaron pureza suficiente en ningún hombre, como para algo tan grande como es la salvación.
2. Fue vicaria, es decir que él murió no por su propia causa, sino por la de los demás tomando para él lo que nos correspondía.
3. Fue sustitutiva, Cristo sufrió la muerte como el castigo por el pecado. Como el único medio para pagar nuestro pecado era la muerte, Cristo nos sustituyó y pago por nosotros.
4. Fue propiciatoria, la muerte de Cristo por los pecadores satisfizo la justicia de Dios y su orden moral, quitando, de esta manera, la ira de Dios contra el pecador arrepentido. El sacrificio propiciatorio por el pecador, no estaba al alcance del humano, y Cristo lo hizo por nosotros.
5. Fue expiatoria, se hizo objeto de sacrificio para reparar nuestra condición de pecador. Su sacrificio de expiación lo destinó a erradicar culpas. Aquí quedaron anulados la culpa y el poder del pecado que separaban a Dios del creyente.
6. Fue victoriosa, en la cruz Cristo luchó y venció el poder del pecado, de Satanás y de sus ejércitos de demonios que tenían cautivas a las personas.
La salvación de Cristo no significa que la ley no tenga valor, sino que por la fe apoya la ley de acuerdo con su propósito y función.
Romanos 8:2-4 - Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
De manera mi querido hermano, que ha pasado mucho tiempo de andar con los ojos y los oídos cerrados y ya es hora que los abramos a fin de ver que Jesucristo no fue un nacimiento común y corriente que quiso ser puro y por razones inexplicables lo logró aun cuando Satanás trató de impedirlo a toda costa. Jesucristo es mucho más que eso. Él es el Hijo de Dios, que siempre existió y que en el plan de salvación de Dios ha jugado el papel central. Sin Cristo no habría salvación y vino a semejanza de carne pecadora, sin ser pecador, por nuestra redención porque la naturaleza santísima de Dios no admitía que, el propio hombre, que había sido destituido de la gloria de Dios, a causa del pecado, pudiera ser el que reconciliara al hombre con Dios.
Si ya conocías esto y se te han cerrado los ojos y oídos, despierta, mira y escucha. Si no lo sabías, pon tu mirada en Jesucristo porque la hora se acerca y del tiempo va quedando poco.
Autor Anónimo



