Las características de un triunfador
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Introducción

La vida de Mohandas Karamchand Gandhi es apasionante. Se le considera un triunfador. Su existencia marcó el sendero para muchos líderes, no solo de oriente sino también de occidente. Se le conoce en la historia como el Padre de la Nación de la India, aludiendo a sus acciones que contribuyeron a la liberación hindú del gobierno colonial inglés. Siempre predicó y aplicó la resistencia no violenta. Los indios llamaron a Gandhi Mahatma, que significa Alma Grande.

En el propósito de liberar a su pueblo, enfrentó fracasos, frustraciones, intolerancia e incomprensión. Pero no decayó jamás su fe y optimismo. En conjunto pasó siete años en prisión debido a sus actividades políticas.

Creía que era honorable ir a la cárcel por una causa justa. Más de una vez Ghandi recurrió al ayuno para sensibilizar a sus seguidores sobre la necesidad de ser no-violento.

India alcanzó la independencia en 1947. En enero de 1948, a la edad de 78 años fue asesinado por un fanático hindú que se oponía a su programa de tolerancia hacia todos los credos y religiones.

Aunque no era cristiano, este personaje que ganó el Premio Nóbel de Paz, ha sido mirado como un triunfador y ejemplo de tenacidad en la conquista de grandes logros...
El triunfador ¿Nace o se hace?

Actualmente no hay parámetros que nos permitan determinar: haciendo esto o aquello se logra ser un vencedor. Si bien es cierto abundan hoy día conferencias de motivación hacia la excelencia y el crecimiento personal, no hay estrategias infalibles para ser un ganador.

Sin embargo, sí hay características que rodearon a los hombres de Dios, cuya aplicación les llevó a triunfar, incluso por encima de la adversidad. Uno de estos hombres de éxito fue Salomón, el hijo del rey David. Y le insto para que, biblia en mano, aprendamos de sus principios de vida, aplicables a nuestros días. El relato lo encontrará en el primer libro de Reyes 3: 1 al 15.

 

Desarrollo

 

El triunfador ama a Dios

Hay dos formas de luchar por la materialización de nuestros sueños, metas y proyectos: la primera, con nuestro propio esfuerzo, y la segunda, con la ayuda de Dios. En el primer caso, de seguro se esforzará mucho y los resultados serán mínimos o demasiado lentos.

Si opta por depositar la confianza en el Creador, tendrá de su parte a Aquél que todo lo puede. Este era uno de los secretos del monarca. Dice el pasaje: "Salomón amó al Señor..."(versículo 3a. Nueva Versión Internacional). Dios ocupaba el primer lugar en su vida. Y cuando esto ocurre, de entrada tenemos enormes posibilidades a nuestro favor...

 

El triunfador reconoce a Dios en sus caminos

No comprendo cómo hay personas que pretenden ser prosperadas en su hogar, trabajo y desempeño ministerial, pero no pasan tiempo en la presencia del Señor. Salomón reconocía a Dios en todos sus caminos. Orar al comenzar el día y al concluir la jornada, constituye un soporte fundamental para salir adelante en todo lo que emprendemos.

 

El triunfador guarda gratitud a Dios

En el diálogo que sostiene Salomón con el Señor, el joven rey reconoce con gratitud la ayuda ofrecida por Dios a su padre David y concederle el privilegio de servir: "Tu trataste con mucho amor a tu siervo David, mi padre, pues se condujo delante de ti con lealtad y justicia, y con corazón recto. Y, como hoy se puede ver, has reafirmado tu gran amor al concederle que un hijo suyo lo suceda en el trono" (versículo 6). Como suele ocurrir con muchas personas, no podemos olvidarnos de Dios cuando sus peticiones reciben respuesta. La ingratitud no es propia de un cristiano auténtico.

 

El triunfador reconoce sus limitaciones

La autosuficiencia es uno de los males que abundan en nuestro tiempo. A Armando Satizábal se le conoció en Bolivia por ser reconocido hacendado. Era como si tuviese la magia que rodeaba al mítico rey Midas. Todo lo que tocaba parecía convertirse en oro. Prosperó hasta más no decir. Pero un día vino la crisis: el médico diagnosticó cáncer linfático. Y de nada sirvieron sus elevadas cuentas bancarias, posesiones materiales, títulos y orgullo. Pero ni aún, en medio de esa difícil situación, quiso reconocer su necesidad de un poder mayor, el de Dios.

Salomón evidenciaba en su existencia, la humildad que le permite reconocer al ser humano sus limitaciones. Admitir que no podemos hacerlo todo. Esta característica la evidencia en su oración: "Ahora, Señor mi Dios, me has hecho rey en lugar de mi padre David. No soy más que un muchacho, y apenas sé como comportarme"(versículo 7).

 

El triunfador evalúa muy bien sus decisiones

Le ha ocurrido alguna vez que tras adoptar una decisión, se haya arrepentido. Es más frecuente de lo que imaginamos. Actuamos, y cuando estamos inmersos en la situación, reconocemos que no fue la mejor idea ni la reacción más aconsejable.

Si pensáramos cuidadosamente cada decisión, cometeríamos menos errores, ofenderíamos menos a nuestro prójimo y nuestro futuro no luciría tan ensombrecido. Esa encrucijada la enfrentó el rey Salomón. La diferencia radicó en que meditó en este hecho y, como gobernante, no quería cometer errores. Por esa razón acudió al Señor. En su oración le dice: "Sin embargo, aquí me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?"(versículos 8 y 9).

 

El triunfador pide la dirección de Dios

Pedir la dirección de Dios, invocar sabiduría de lo alto, es uno de los pasos más aconsejables cuando por alguna circunstancia debemos actuar. No podemos olvidar que lo que hacemos o decimos, ejerce influencia directa indirecta, no solo en nuestras vidas sino en las de quienes nos rodean. Y ese hecho lo tuvo claro el joven gobernante al solicitar la intervención divina para saber qué hacer en cada caso (versículos 8 y 9).

De esta manera, guiados por Quien lo ve todo, en el presente y en el futuro, avanzamos con pasos seguros. Pedir la dirección de Dios nos abre puertas a marchar en victoria...
El triunfador, sabe qué pedir

Es evidente que la indicación de Dios: ¿Qué quieres que te dé...? Era la oportunidad de la vida para alcanzar cualquier sueño. Todas las riquezas de la tierra, la supremacía militar, la fama... Si a usted Dios le dijese lo mismo: ¿Qué le pediría...? Vamos, medítelo por un instante. ¿Cuál sería su petición al Creador? Evalúe este asunto con honestidad. De seguro se encontrará con sorpresas porque los seres humanos tendemos a inclinarnos por aquello que genere mejores condiciones de vida material, antes que el fortalecimiento espiritual.

Esa situación la vemos reflejada en nuestras oraciones. A veces pedimos, pero pedimos mal. El apóstol Santiago lo describió así: "Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones" (Santiago 4:2, 3). En cambio, volviendo al pasaje que estudiamos, hallamos que al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición... (versículo 10)

 

El triunfador espera el tiempo y el momento oportuno

Hay un último punto de particular importancia: saber esperar el momento oportuno, el lugar indicado y el tiempo propicio. Y eso se logra únicamente en Dios. Si esperamos en Él, Él obrará. (Salmo 37:5). Salomón depositó toda su confianza en el Creador y eso le llevó a no acelerar un proceso que sólo el Señor podía hacer cumplir. Así lo puede usted comprobar cuando lee los versículos del 11 al 15.

 

Conclusión

Yo le sugiero que cambie su perspectiva derrotista de la vida. Dios lo llamó a ser un vencedor, no un fracasado. Usted nació para triunfar, para materializar todos sus sueños, para ir más allá de donde llegan los demás. Pero en todo esto es necesario reconocer que es fundamental que involucremos al Señor. Si lo hacemos tenemos asegurado un avance firme y con todas las probabilidades de éxito.

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