Ene
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Pueden cambiar los homosexuales?
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Con respecto a la pregunta del título de este artículo, el Apóstol Pedro nos recuerda lo siguiente: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demanda razón”.

Muchos son los que piden razón sobre la homosexualidad. ¿Por qué viven así? ¿Es de nacimiento? Hay un sin número de interrogantes pero la verdad es que, un homosexual no nace; se hace. No es una conducta heredada o congénita sino adquirida, contagiada por otros seres con el mismo hábito o patrón sexual. La Biblia declara enfáticamente “esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7:29).

Algunas teorías apuntan al desequilibrio hormonal como causa de la homosexualidad, pero se sabe que, después de corregir tal defecto, muchas veces la práctica continúa. Algunos alegan como disculpa de su conducta que Dios los hizo nacer homosexuales. El transferir la culpa al otro por no querer reconocer la verdad es una táctica tan antigua como la misma humanidad. En la Biblia leemos que Adán culpó a Dios por haberle dado a Eva y ésta a su vez, culpó a la serpiente.

Yo pienso que la homosexualidad no es una enfermedad, no se la puede catalogar como tal, sino como una desviación del patrón de conducta sexual normal y, desde el punto de vista de la fe cristiana, como una perversión sexual y en algunos casos una auténtica posesión demoníaca.

Mi experiencia es que, practiqué la homosexualidad desde los 10 u 11 años hasta los 25 años. Como comencé desde muy pequeño a practicar la homosexualidad no tenía claridad si estaba mal o bien, pero cuando llegué a la adolescencia comenzaron mis primeros sufrimientos. Anteriormente, en la escuela primaria, prefería jugar con personas del sexo opuesto sintiéndome identificado con ellas pero sin sentir ninguna atracción física.

Debo admitir que desde muy niño no conté con una orientación que me alertara en cuanto a ese tipo de inclinación y fue un verdadero infierno haber vivido esa etapa. Jamás pude sentirme bien. El placer momentáneo me dejaba un sabor amargo que se acrecentaba con el tiempo, además de sentirme marginado por la sociedad. Los pocos que se acercaban a mí, demostraban compasión solamente, sin darme una solución. Con mis padres nunca dialogué sobre mi problema y siempre lo oculté por temor a sus reacciones.  A su vez ellos tampoco lo hacían por temor a herirme.

Creo que, un factor determinante es el diálogo sincero, abierto dentro del hogar, aunque a veces duela reconocer errores y sea difícil para los padres afrontar ese tipo de situación.

Alguien en algún momento me preguntó: ¿a qué se debió su cambio? ¿quiso usted cambiar? ¿tuvo presión para hacerlo o fue su voluntad, o simplemente se sintió avergonzado?

Mi respuesta es: la gran crisis que pasé en el último tiempo y que, de alguna manera me hizo tomar conciencia del terrible estado en que me encontraba y hacia dónde me dirigía, hicieron que tomara una decisión. Comencé a buscar a Dios, la ayuda por medio de su palabra “la Biblia”. Este sagrado libro habla claramente de la homosexualidad como pecado ante los ojos de Dios. Luego tuve oportunidad de hablar con la autoridad espiritual de la Iglesia. Me impactó profundamente la forma en que me recibió, sin rechazo y ofreciéndome una solución en Cristo. Me dijo que con Él podía cambiar, pero que la decisión era solamente mía.

Lo mío no es una excepción. Dios da a todos la oportunidad de cambiar. Con esto no quiero decir que es algo mágico que se logra del día a la noche, tampoco es fácil, pero para Dios nada es imposible. Sólo necesita nuestra disposición.

Actualmente José Paz goza de un hermoso matrimonio con su esposa Ceci y cumple una tarea importante como líder entre los jóvenes en su iglesia en la ciudad de Oliva, provincia de Córdoba.

Escrito por Pr Daniel Conte. Posted in Articulos

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